La importancia del contador se ha multiplicado, por la explosión empresarial que ocurre en todo el mundo. Sin embargo, los contadores parecen estar dormidos

 ”Los números no mienten”. En los negocios, el contador sería quien zanja las diferencias de opinión y pone coto a los intentos de engaño. Para Max Weber, padre de la sociología, la contabilidad era una de las primeras piedras del capitalismo, concepto que en el Perú repetía el gran antropólogo e historiador Fernando Silva Santisteban. Pero no debemos olvidar que la buena contabilidad ha sido base de todo sistema social eficiente, mucho antes de la existencia del capitalismo.

 

Hoy, incluso, se debate si fue la escritura o la contabilidad que determinaron las primeras civilizaciones. Algunos arqueólogos proponen que en las pocas ocasiones en que se inventó la escritura fue para hacer posible la contabilidad. Un manejo racional de los recursos era la espinaca que le daba fuerza a la sociedad, independientemente si esa fuerza se dedicaba a los caprichos de un faraón o de un inca o a las necesidades de la población. En las primeras civilizaciones uno de los recursos más importantes era la población misma. Cada habitante era un potencial contribuyente, soldado u obrero para el trabajo forzado y de allí la importancia milenaria de los censos. El otro recurso fundamental eran las cosechas, cuyos montos y ubicaciones también se registraban minuciosamente.

 

Si corremos el reloj varios milenios, hasta el siglo XXI, descubrimos un mundo en el que la tecnología para el registro y la manipulación de los números han avanzado espectacularmente. También la importancia del contador se ha multiplicado, por la explosión empresarial que ocurre en todo el mundo y por la mayor sofisticación de las ciencias de gestión empresarial y económica. Sin embargo, los contadores parecen estar dormidos ante los retos de la tecnología y de la necesidad. “Mi empresario no entiende los estados financieros que le enseño”, dice una contadora en la tertulia que sostuve hace unas semanas en el Colegio de Contadores. “Lo que hacemos es historia”, dice otro contador. Al mismo tiempo, los escándalos contables están en la orden del día, notoriamente en el caso del colapso de Enron junto con la gran empresa auditora Arthur Andersen, acusada de complicidad por los engaños contables de Enron. Y lo que eufemísticamente se llama la ‘contabilidad agresiva’ sería una de las principales causas de la crisis del crédito hipotecario en Estados Unidos, crisis que muchos creen será el detonador de una recesión mundial. La revista “Forbes”, bastión de la gran empresa estadounidense, publicó una relación de 22 multinacionales involucradas en tales escándalos. En todos estos casos, los números sí mintieron.

 

Uno de los problemas de la contabilidad moderna es el crecimiento enorme que se ha producido en los llamados valores intangibles, como son las marcas y la información que maneja un negocio –la propiedad intelectual– además del valor del ‘goodwill’, o sea buenas relaciones creadas por una empresa. También existen los pasivos o contingencias intangibles, como son el riesgo y el peligro de contaminación ambiental. La suma de tales activos y pasivos intangibles no figura en la gran mayoría de las contabilidades empresariales, aunque pueden exceder largamente los valores tradicionales que sí se registran, como son los edificios, las máquinas, los inventarios y las deudas. Según el estimado de la empresa Value Based Management, los valores intangibles representaban el 5% del total de activos en el año 1978, pero en la actualidad representan entre 75% y 85%. Ciertamente, ningún empresario se limita al valor en libros de una empresa cuando considera la posibilidad de comprar o vender. Ante esta erosión de los cimientos mismos de nuestra economía, está en las manos de los contadores la responsabilidad de alertar y de liderar la búsqueda de una modernización de las prácticas contables.

Autor : Richard Webb